Podría no ser tan complicado. Intentémoslo.

Fotografía: Chema Madoz


1.- Cerremos los ojos.

2.- Tratemos de mirar hacia adentro, a veces puede ser duro, pero vamos a intentarlo.

3.- Imaginemos que no viviéramos solos y que en el mundo hubiese otros seres.

4.- Tratemos de imaginar que yo no soy el único.

5.- Tratemos de imaginar que la gente que existe y con quien no tengo una relación de amistad podría tener derecho a vivir e incluso a pensar como quiera (recordemos que podría existir otro ser tan legítimo como yo).

6.- Tratemos de imaginar qué pasaría si yo, entendiendo que soy yo y nadie puede estar más claro que yo, actuara como si realmente siempre tuviera la razón.

7.- Tratemos de imaginar que otro yo se pueda ver afectado mínimamente por las decisiones que tomé yo. ¿Será justo para el otro yo que mi yo afecte al suyo?

8.- Tratemos de imaginar que insisto en la idea de que como soy yo, debo tener la razón y construyo a mi alrededor un castillo, una fortaleza "depurando", "eliminando", "aniquilando", "convenciendo", "imponiendo", "permitiendo", "prohibiendo" lo que yo creo conveniente.

9.- Tratemos de imaginar que habrá gente que decide entrar a mi fortaleza, evidentemente allí estaríamos más seguros de todos los demás yoes que andan sueltos, viviendo como si de verdad fuese legítimo para ellos el vivir.

10.- Sigamos imaginando y pensemos que el otro decide construir su fortaleza en la que entrará gente que se sentirá más segura porque está con otros yo como él.

11.- Imaginemos que de vez en cuando se asoman a la ventana y miran al otro, lo miran con toda esa rareza de mirar algo desconocido, algo que podría ser yo, pero como no lo es, resulta perturbador, inquietante y realmente insólito porque cuáles podrían ser sus motivos para no ser yo.

12. Imaginemos que decidimos no mirar al otro y que dentro de mí se va ramificando esa extrañeza de tener que ver al otro diariamente -desde mi lugar seguro- y constatar que definitivamente es muy raro que se siente cuando yo me levanto, que coma cuando yo duermo y que hable cuando yo callo.

13. Imaginemos que insisto en la idea de pensar que esa rareza es tan rara que me afecta hasta el punto de sentir que es a propósito que quiere hacerlo, que es diferente sólo para ir en mi contra.

14.- Imaginemos que decido ir a conversar con el otro yo (porque, vamos a estar claros, yo soy muy dialogante y tengo todas las habilidades bien desarrolladas. Ya me lo han dicho mis amigos, que saben más de eso que yo), que evidentemente va a quedar convencido de que tengo la razón y va a desistir de esos comportamientos tan extraños, que no se parecen a los míos.

15.- Imaginemos que el otro, como legítimo otro, es muy dialogante también y tiene muchas habilidades porque sus amigos, que saben de eso más que él, también se lo han dicho y, le parece que ese otro no tiene la razón, no comprende su verdad y resulta una amenaza para su vida y para la vida de sus amigos.

16. Imaginemos que sí, en definitiva hay que hacer algo, ambos tienen que hacer algo para impedir que haya otra gente que atente contra la vida correctísima que llevan ellos y los suyos.  

17.- Imaginemos que decido salir a hacer justicia, a hablarle desde la paz, desde el amor y desde el lado apropiado de la vida y de la historia, desde mi posición que evidentemente es políticamente correcta, sobre lo equivocado que está, decido alertarle, decido que entienda que debe desistir de su actuar, debe entender que no puede haber otra forma posible y que yo estoy muy dispuesto a guiarle por el camino del bien (no olvidemos que soy muy bueno y que tengo la razón, ya mis amigos me lo han dicho).

18.- Imaginemos que esto es un juego, que la imaginación puede ser sólo imaginación y que no siempre tiene que ver con mi realidad. Imaginemos que sería una insensatez creerse único en el mundo y querer imponerse a los demás. Imaginemos que pudiéramos en este instante hacer que este ejercicio termine. Realmente es eso lo que yo quisiera. Quizás si lo hacemos todos, resulte. Vamos a intentarlo:


19. Abramos los ojos.

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