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Mi niño no me quiere. Aldemaro Romero

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Mi niño no me quiere, él no me quiere, ¿por qué será? Mi niño no me quiere, que no me quiere, ¿qué pasará? Yo quiero ser su amante y a cada instante lo quiero más, pero sus alegrías no son las mías, ¿de quién serán? Mi niño y su sonrisa huyen deprisa al verme llegar. Escapan de carrera y aunque no quiera me hacen llorar. Ese niño es mi encanto y es mi quebranto en un solo ser. Mi niño es mi dulzura y es mi amargura, todo a la vez. Mi niño en su inocencia es mi demencia y mi lucidez. A veces es mimoso o es caprichoso, qué insensatez. No le faltan razones ni explicaciones por ser así. Mi niño es un destello, es lo más bello que jamás vi.

Frida. Yolanda Reyes

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De regreso al estudio. Otra vez, primer día de colegio. Faltan tres meses, veinte días y cinco horas para las próximas vacaciones. El profesor no preparó clase. Parece que el nuevo curso lo toma de sorpresa. Para salir del paso, ordena con una voz aprendida de memoria: -Saquen el cuaderno y escriban con esfero azul y buena letra, una composición sobre las vacaciones. Mínimo una página por lado y lado, sin saltar renglón. Ojo con la ortografía, y la puntuación. Tienen cuarenta y cinco minutos. ¿Hay preguntas? Nadie tiene preguntas. Ni respuestas. Sólo una mano que no obedece órdenes porque viene de vacaciones. Y un cuaderno rayado de cien páginas, que hoy se estrena con el viejo tema de todos los años: "¿Qué hice en mis vacaciones?" "En mis vacaciones conocí a una sueca. Se llama Frida y vino desde muy lejos a visitar a sus abuelos colombianos. Tiene el pelo más largo, más liso y más blanco que he conocido. Las cejas y las pestañas también son blancas. Los ojos son de col...

Entre la tierra y el cielo

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Autora: Silda Cordoliani Composición gráfica: María Elena Repiso Colección: El (d) arte cuenta Monte Ávila Editores Latinoamericana Las obras que ilustran los textos pertenecen a la Colección de la Galería de Arte Nacional (GAN). Este hermoso libro guarda entre sus páginas, no sólo las imágenes de importantes pintores venezolanos, o radicados en Venezuela, sino que además la autora se ha tomado el tiempo de recrear fragmentos de esas pinturas y complementarlos con la palabra escrita. Utilizo la palabra “complementar” porque es exactamente eso lo que sucede, los textos complementan las pinturas, las complementan de tal manera que, después de pasear por las páginas de este libro, es imposible ver las obras originales y no fragmentar los cuadros hasta ubicar la imagen que hizo posible la construcción de estas palabras, de este texto. Sólo un ojo sensibilizado con las formas, familiarizado con la multiplicidad y simultaneidad de la vida y del arte, es capaz de tomar un fragmento, una ima...

De AGUAMIEL. Neida Atencio

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Por qué Por qué brillan las estrellas por qué las nubes caminan por qué mueve su rabito el perro de mi vecina. Por qué alumbran los cocuyos por qué los pájaros cantan por qué no podemos ver cómo es que crecen las plantas. Por qué la lluvia es tan fría por qué las ranitas saltan por qué no se ahogan los peces si nunca salen del agua. Ayer respondió papá meciéndome entre sus brazos ¡nunca podremos saber por qué nos queremos tanto! Mi abuelito se murió Mi abuelito se murió nunca más despertará. Se fue tranquilo hasta el cielo en las alas de un turpial. Cada vez que veo una estrella o cuando brilla un lucero yo me siento muy feliz ¡está sonriendo mi abuelo! Estoy enamorado Estoy enamorado de todas las muchachas que pasan por mi lado. ¡Qué lindas muchachitas estudian en mi escuela! Envié cartas a Lila, a Claudia y a Gisela. Les pido por favor, me den pronto su amor… Si no tengo respuestas la próxima semana tendré que enviar las cartas a Rosita y a Juana.

Mi madre es una maga

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Mi madre es una maga. Desde niña creaba de la nada las más hermosas y grandes muñecas. Yo la ayudaba a desordenar las telas, a rellenar sus cuerpos, a cortar lo que iban a ser sus cabellos y ella, de cosas diversas, iba cosiendo eso que serían después nuestros juguetes. Era maravilloso verla pintar sus rostros y darle la expresión definitiva que tendrían, verla delinear los ojos que después miraría y los labios con los que conversaría. También nos hacía casitas que iba construyendo con cartones de cosas que no servían, casitas en las que guardaba mis grandes tesoros. Hoy mi madre, mucho tiempo después, me trae muñecas aún más hermosas para mi hija y, me trae además, un vestido sin muñeca, un vestido igual al de ellas, con las mismas telas y hecho con la misma magia. Hoy mi madre me regala de nuevo algo que me hace inmensamente feliz. Un vestido de flores y cintas. Me regala un hermoso vestido para mi hija.

Tratando de comprender la cultura del venezolano

El superhéroe criollo (Fragmento) ¿Cómo actuaría un superhéroe que respondiera a los valores que se muestran a la chiquillada como típicos de una cierta conducta criolla? (…) ¡Pow! ¡Zap! ¡Crash! ¡Bang! La primera lámina enseña al Monstruo sin Nombre, que arrasa al país. Mazinger no viene, porque batalla contra una nube de sicopedagogas. Supermán está ocupado salvando a Estados Unidos de la amenaza nicaragüense. Este es un trabajo para el Superhéroe Criollo. Los suplicantes lo localizan en su cueva en Miami. -¡Superhéroe, Superhéroe, sálvanos! –gritan los niños a quienes el Monstruo ha dejado sin leche. - ¿Cuánto hay para eso? – pregunta el Superhéroe, calándose su antifaz de lentes oscuros para ocultar el ratón. - ¡Superhéroe, Superhéroe, edúcanos! –claman los estudiantes, a los cuales el Monstruo dejó sin cupo y sin libros. - ¿Y cómo voy yo ahí? – inquiere el Superhéroe abanicándose con un mazo de bonos Cero-Cupón. - ¡Superhéroe, Superhéroe, protégeme! – implora la ch...

MIEDO

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Yo no quiero que a mi niña golondrina me la vuelvan; se hunde volando en el Cielo y no baja hasta mi estera; en el alero hace el nido y mis manos no la peinan. Yo no quiero que a mi niña golondrina me la vuelvan. Yo no quiero que a mi niña la vayan a hacer princesa. Con zapatitos de oro ¿cómo juega en las praderas? Y cuando llegue la noche a mi lado no se acuesta... Yo no quiero que a mi niña la vayan a hacer princesa. Y menos quiero que un día me la vayan a hacer reina. La subirían al trono a donde mis pies no llegan. Cuando viniese la noche yo no podría mecerla... ¡Yo no quiero que a mi niña me la vayan a hacer reina! Gabriela Mistral